sábado, 22 de agosto de 2015

Gaia VI

Durmieron durante el día y así por la noche estarían bien despiertos pero los despertó una tormenta y tuvieron que cubrir algunas cámaras con protectores para que no se mojasen. La tormenta duró casi todo el día y de noche al fin se calmó. La noche transcurría aburrida cuando de repente se volvió a escuchar el mismo tipo de chapoteo que la noche anterior. Darío aún estaba alucinando cuando vio el video y no se lo pensó dos veces, cogió la cámara de visión nocturna e intentó vislumbrar de donde venía. En efecto pudo ver delfines aunque ni rastro del extraño ser. Escuchó un chapuzón y vio a través de la cámara que su compañero se había tirado al mar y nadaba entre los delfines.
-Estás loquisimo Adrián.-dijo para sí. Adrián nadó hasta los delfines. Estos le recibieron con su característico sonido, que parecía casi una risita aguda. Adrián les saludó alegremente.
-¡Hola!-exclamó.
-Por favor...-susurró Darío mientras seguía grabando. Uno de los delfines puso el morro frente a su mano para que lo acariciase y así lo hizo. De repente la cabeza de de una chica emergió frente a Adrián. Solo había 3 palmos entre ellos. La chica tenía el pelo oscuro o eso creyó Adrián pues al estar mojado no podía saberlo pero era largo. Sin duda debía tratarse de la chica extraordinaria de los vídeos. Tenía los ojos de un color castaño claro que brillaban de una forma extraña, parecían dos piedras preciosas, dos "ojos de tigre".
-¿Qué haces aquí?-dijo con una voz que parecía contener un poder oculto, una especie de furia que intentaba desatarse. Uno de los delfines se le acercó e intentó calmarla acercando el morro a su mejilla. Pero ella seguía mirando fijamente a Adrián sin pestañear.
-Quería conocerte desde que te vi la primera vez en un vídeo.
-Eso ya lo se pero no creí que serías capaz de meterte en mi santuario sin invitación.
-Perdoname por mi grosería pero si este lugar fuese realmente tu santuario y no quisieras que nadie entrase, no estaría tan cerca de la costa. Así que creo que en cierto modo si estoy invitado...
-Chico listo.-se limitó a decir ella.-Hace mucho que me persigues. Lo se porque estoy enterada de todo.-Adrián levantó una ceja en forma de pregunta.
-¿Y como sabes todo? Yo quiero saberlo todo sobre ti, qué o quién eres.
-Muy bien, te lo contaré todo pero no aquí y no delante de tus cámaras.
-¿Dónde entonces? ¿No hay ninguna posibilidad de grabarlo? Creo que eres importante para la humanidad.
-Oh si lo soy pero es mejor que no sepan de mí. Las cámaras se quedan.
-¿Y una grabadora?
-No y no lleves nada oculto porque lo sabré en seguida.-alzó un brazo y con la mano abierta apuntó hacia Darío. Este retrocedió por instinto al ver la mirada salvaje que había aparecido en los ojos de la chica. Todas las cámaras explotaron, incluidas dos que estaban guardadas por avería en una caja. En lugar de cámaras y grabadoras, había un polvo negro que se volatilizó con el aire.
-¡Eso vale dinero!-se lamentó Darío.
-A la humanidad solo le importa el dinero.-dijo con amargura la chica.-si quieres saber de mi historia viaja hasta la Isla Tristán Da Cunha y allí te lo contaré todo.-y nada más decir eso, se sumergió y volvió a emerger de un salto. En lugar de piernas tenía una cola de pez. Adrián se quedó pálido mientras vio como desaparecía bajo las aguas de Rio Plata.

martes, 18 de agosto de 2015

Gaia V

El hotel no era gran cosa pero era el único del pueblo. En seguida se pusieron manos a la obra con varias cámaras de video y GoPros para no perderse nada si veían algo extraño. Decidieron acampar una noche en un hotel en ruinas al que llamaban Hotel Argentino. Al parecer la bravura del mar y el clima había echado a perder el edificio. Para los chicos no era nada del otro mundo, muchas veces habían ido a lugares en ruinas y habían acampado allí para grabar psicofonías y demás cosas paranormales. Las aguas estaban en calma y no se veía nada extraño mientras colocaban las cámaras y montaban el campamento que constaba de una tienda de campaña muy cómoda. Cuando montaron todo se metieron a la tienda de campaña sin cerrar cremalleras de salida y con una pequeña lamparita encendida se pusieron a cenar unos bocadillos mientras anochecía del todo.
Se contaron cosas de la vida, sobre sus intentos de conocer mujeres que compartieran su pasión por ese tipo de investigaciones pero no habían tenido éxito ninguno de los dos.
Cuando iban por la tercera cerveza escucharon un chapoteo cercano, como si un gran pez hubiera saltado del agua y hubiera caído de nuevo al agua.
-Quizás es un delfín, dicen los lugareños que por aquí hay muchos sobre todo por las noches.-dijo Darío.
-¿La cámara con visión nocturna está puesta?
-Por supuesto, ¿por quien me tomás?-respondió el muchacho ofendido. Adrián se levantó y fue a mirar por ella. Se oyó otro chapoteo y Adrián cogió la cámara y se acercó al borde del agua con ella. No veía nada.
-¿Ves algo?-preguntó Darío en voz baja.
-No...Espera...Veo algo raro.
-¿Qué? ¿Qué es?-pero Adrián no respondió. No le salían las palabras. Se escuchó la risa de una chica y unos silbidos como los que hacían los delfines. Adrián estaba viendo a la mujer que salía en los videos manejando la naturaleza a su antojo jugando ahora con unos delfines y riendo como una chica normal y corriente. Tenía el pelo largo mojado flotando a su alrededor y cuando se subía a la grupa de algún delfín, la luz de la luna iluminaba las curvas húmedas de su trasero. Adrián tragó saliva.
-¡¿Pero que te pasa way?!-susurró Darío demasiado alto cansado de esperar una respuesta de su amigo que estaba mentalmente ausente. La chica y los delfines giraron la cabeza hacia ellos y se sumergieron en las aguas.
-¡Mierda, ya se ha ido!
-¿Se fue? ¿Era la muchacha? ¡¿Por que no lo dijiste?!
-Cuando veas el video lo entenderás Darío...Mi cabeza se ha saturado de tanta belleza... La hemos perdido por esta noche, pero quizá vuelva. dijiste que los habitantes hablan de delfines cada noche ¿no es así?
-Sí, quizá este sea una especie de santuario para los delfines y ese ser los acompaña aquí
-Pues quedémonos otra noche.-dijo Adrián decidido.

jueves, 13 de agosto de 2015

Ausente unos dias

Hola a todos, desde hoy hasta el lunes voy a estar muy ausente porque viene un amigo a casa y saldremos por ahí así que el ordenador lo tocaré poco. Si tengo tiempo escribiré y si no pues el próximo capitulo será el lunes o el martes. Gracias por leer!

martes, 11 de agosto de 2015

Gaia IV

Dos días después, Adrián se encontraba a miles de kilómetros en mitad del océano atlántico volando hacia Buenos Aires. No sabía muy bien que iba a hacer una vez que fuese al cañón del colorado pero lo que si presentía es que el ser fantástico debía rondar la zona así que debía llegar cuanto antes y ponerse manos a la obra. Darío tenía las coordenadas exactas donde había sido visto el ser así que no sería difícil encontrarlo.
-Zona de turbulencias.-anunció el comandante de la tripulación y acto seguido el avión vibró un poco. Adrián miró por la ventanilla y solo vio que estaban atravesando nubes pero cuando el cielo se despejó vio una especie de remolino enorme en mitad del océano, se parecía mucho al que había visto en el vídeo del pesquero japonés hacía meses. Adrián pegó un salto de asombro en su asiento al ver que en medio del remolino que tragaba agua había algo flotando en el aire... Más bien alguien. Desde esa altura no podía ver si se trataba del misterioso ser que alteraba la naturaleza pero estaba casi seguro. Cogió el movil y cuando iba a grabar le decepcionó ver que el remolino se había deshecho por completo en cuestión de segundos y ya no había nadie.
-Mierda.-dijo Adrián.
-¿Todo bien señor?-le preguntó amablemente la azafata.
-Sí, no es nada, gracias Adela.-respondió éste. La azafata era la misma que hacía años cuando viajaba con sus padres a todas partes, así que era casi como de la familia. Era alta, rubia y de origen suizo pero apenas tenía acento ya. Entonces Adrián volvió a mirar hacia abajo al océano y vio algo en la superficie, parecían delfines o ballenas, era difícil de decir. Una gran grupo de ellas pero algo las guiaba al frente y Adrián no sabía ya si era paranoia pero creyó que era el mismo ser del remolino. Iban a toda velocidad hacia tierra pero desaparecieron cerca de ella en las profundidades de Río de la Plata.
-¡Darío no me creerá!-suspiró Adrián mientras volvía a ponerse cómodo en su asiento pero lejos de quedarse relajado o quizás dormido, se puso a repasar los vídeos que tenía hasta ahora que solo eran dos: el del Amazonas y el desierto. Los repasó pero no vio nada nuevo. Finalmente durmió con un sueño inquieto hasta que Adela lo despertó anunciándole que Darío ya estaba embarcando.
-Señor Adrián, creo que sería conveniente que descansáramos y pariéramos mañana hacia los Estados Unidos.-le aconsejó ella.
-Adela, creo que tienes razón.-dijo él. Adela se sorprendió, se esperaba que la contradijese.- cuando necesite volar de nuevo te avisaré, hasta entonces tienes unas vacaciones pagadas aquí en Argentina.
-Gracias señor, es usted muy amable.-dijo ella con una gran sonrisa.
-Avisa al comandante y llama a un taxi.-añadió.
-Enseguida.-respondió ella sin dejar de sonreír. Adrián sabía por que, el comandante y ella, ella y el comandante...en fin. Estaban más que enamorados y podrían pasar unos días juntos si él seguía en Argentina, por eso tanta alegría.
-¿Qué me he perdido?-dijo Darío con las maletas en las manos cuando vio a Adrián bajar del avión mientras un taxista metía sus maletas en el coche.
-Nos quedamos unos días.
-¡Y yo que pensaba que podría escapar de la ciudad unos días!-dijo Darío con amargura.
-La visto de nuevo Darío, en mitad de Rio de la Plata... Vamos a ir a Punta Indio.
-De acuerdo...-suspiró él mientras metía las maletas en el coche.

Gaia III

Fue una larga noche para Adrián que no podía sacar de su cabeza las imágenes de ese ser. Hubo un momento en el que abandonó su cama para volver a buscar información sobre el tema pero no encontraba nada satisfactorio. Además tenía la terrible sensación de que algo lo vigilaba desde la ventana aunque tenía la persiana bajada. Finalmente consiguió dormir y durmió hasta tarde. Eran las tres de la tarde cuando un sonido lo despertó. Era una llamada de skype de el mismo contacto que le había enviado la información del suceso del amazonas. Adrián se había dejado el ordenador encendido. Con los ojos medio cerrados aún, aceptó la videollamada. En la pantalla apareció la cara de su colega argentino, tenía los ojos verdegrises y el pelo rizado y castaño oscuro, estaba ligeramente moreno por el sol.
-Llevo toda la mañana intentando contactar contigo pero parece que no escuchas el celular.-le reprochó su colega.
-Hola Darío... Es que ha sido una larga noche después de tu último vídeo...-dijo bostezando a la vez.
-Pues espera a ver el siguiente, ahora mismo te lo estoy enviando.-dijo su colega. Se conocían desde que empezó su investigación, era el único amigo que tenía y estaba a miles de kilómetros. Con él compartía la mayoría de la información. Adrián se despejó de golpe y se le hizo un nudo en el estómago al saber que iba a volver a ver algo tan extraordinario como lo de anoche. El vídeo se descargó con rapidez gracias a la fibra óptica. El reproductor sin embargo tardó algo en cargar el vídeo y al abrirlo vio un paisaje desértico. El que estaba grabando era un tipo con una cámara GoPro en la cabeza y estaba escalando en El Colorado. Bajo sus pies el río Colorado con poca profundidad estaba muy tranquilo. De repente el escalador miró hacia el cielo y luego hacia el río y vio como el agua se estaba retirando cada vez más hasta desaparecer y luego algo extraordinario apareció en la cámara: una mujer de nuevo caminaba lentamente sobre el lecho del río y detrás de ella...El río rugía pero el agua no la adelantaba... gigantesco, indómito, rabioso. Tan solo envolvía algunas partes de su cuerpo como si de un vestido se tratara. Ella no tenía tenía los brazos relajados y caminaba con lo que parecía una sonrisa satisfecha. Su cabello largo y castaño volaba hacia todos lados y tenía una mirada feroz pero al parecer no se había percatado que estaba siendo observada. El escalador no se movió del sitio ni dijo nada, tan solo grabó y grabó hasta que de repente ese ser saltó hacia atrás y desapareció en las aguas del río que rompió el muro invisible que lo contenía y pudo correr raudo y espumoso. La grabación se paró.
-¡Cierra la boca que te entrarán moscas!-dijo Darío riéndose ya que aún estaba viéndolo por la web cam. Él obedeció con la certeza de que ponía una cara muy graciosa.
-Dios...Darío, ¿cómo conseguís vos estos videos?-dio Adrián imitando el acento argentino tan característico.
-Tengo mis fuentes.-dijo haciéndose el interesante.
-¿Qué o quien cojones es eso?-dijo Adrián aún sorprendido. Mientras lo hacía ponía el video y lo pausaba en los momentos en los que se veía mejor al ser.
-Pense que vos tendrías más alguna idea de ello pero veo que estás igual que yo.-dijo el chico argentino.
-Me ronda una respuesta pero es demasiado surrealista para ser real.-dijo Adrián.
-¿Gaia?
-Gaia.-dijo él moviendo la cabeza de arriba a abajo.
-Pero... Creí que eran cuentos de viejas y leyendas.
-Yo tampoco podía creer en ello de forma convincente pero en fin... Creo que es hora de quitarle el polvo al jet privado de mis familia.-dijo Adrián levantando una ceja.
-¿Voy a poder darte un abrazo pronto decís?
-Si, en unos días te recogeré en el aeropuerto de Buenos Aires e iremos a los Estados Unidos, ¿te parece bien o tenías otros planes?
-No me lo perdería por nada en el mundo, avisaré en el trabajo de que me escaparé unos días.-dijo Darío muy animado.
-Perfecto.

domingo, 9 de agosto de 2015

Gaia II

Abrió el correo y se encontró con noticias sobre extraños sucesos en el amazonas. Al parecer algo había atacado a los trabajadores que estaban explotando unas hectáreas cortando árboles. Había vídeos de los testimonios entrevistados:
"-Cuando quisimos darnos cuenta, una ventisca de hojas nos envolvió a todos, empezamos a escuchar golpes de ramas por todas partes...Estábamos siendo golpeados por esas ramas..."-decía el hombre con el miedo en el cuerpo. Se trataba de un hombre de Bolivia que había ido a trabajar hasta allí porque decía que se ganaba "buena plata". El hombre miraba hacia atrás cada vez que oía el susurro de los árboles con el viento.
"-¿Cree que ha podido ser una especie de Huracán?"-le preguntó el entrevistador cuya cara no era visible, tan solo su mano sujetando un micrófono de la cadena en concreto.
"-Es imposible, el cielo estaba despejado y no corría el aire... Fue algo sobrenatural."
Adrián pausó el vídeo en ese preciso momento. Apoyó los codos en el escritorio y juntó las yemas de los dedos por encima del teclado pensativo. Apuntó algo en uno de los cuadernos de su investigación, cuyas páginas tenían más garabatos que escritos. Dibujó con cierta facilidad a un hombre rodeado entre grandes árboles, a sus pies una sierra eléctrica, un rostro lleno de horror y miles de hojas a su alrededor. En cierto modo se parecía a otro suceso, pensó. Pasó unas páginas hacia atrás y contempló un dibujo de hacía unos meses: se trataba de un barco que era engullido por una especie de remolino marino. Aquello había ocurrido cerca de Japón donde un barco de pesca había sido sorprendido por una especie de remolino gigantesco que había engullido a casi toda la tripulación. Solo algunos hombres a los que les dio tiempo ponerse el chaleco salvavidas habían sobrevivido para contarlo. El cuaderno estaba lleno de sucesos parecidos, Adrián llegó a pensar que alguien se estaba vengando por el maltrato hacia la tierra. Claro que esa idea era bastante surrealista, aunque no para él. Pero no se lo había contado a nadie para que no lo tratasen de loco de buenas a primeras.
Algo sacó a Adrián de sus pensamientos, unos golpes en la ventana de la habitación. El chico se sobresaltó al principio pero luego suspiró al ver que era una ardilla parda que lo visitaba cada día desde hacía algunos meses. Al parecer vivía en algún árbol cercano del parque al frente de su casa. Las ramas de uno de los árboles que estaba plantados en la acera, se acercaba mucho a su ventana y por allí trepaba la ardilla. A menudo Adrián se quedaba ensimismado mientras le entregaba una a una las avellanas que a veces se comía la ardilla y otras se las llevaba en la boca para enterrarlas en algún lugar del parque. ¿Por qué ese bicho adorable se había fijado en él? Alguna vez había pillado al animal mirando desde la ventana de forma muy inquietante, pero a Adrián no le asustaba la ardilla. Lo cierto es que no había visto ninguna otra por la zona y eso también le extrañaba porque solían haber 3 o 4 en otros parques.
El sol había salido y las nubes marchaban hacia otra parte. Justo antes de volver a cerrar la ventana le pareció escuchar un "Gracias" susurrado por el viento pero pensó que era algún tipo de paranoia creada por estar tan concentrado, no sería la primera vez que le ocurría algo parecido.
Decidió abrir el siguiente vídeo que se titulaba "¿FAKE?". Se trataba de un claro en la selva, en el cual había una especie de charca con tierras movedizas. Estaba lloviendo a cántaros como era habitual en la selva. De repente y con cierto desconcierto Adrián vio como de la charca iba resurgiendo algo... Parecía una persona de espaldas llena de barro, al poco pudo comprobar que era un cuerpo de mujer ya que la lluvia iba limpiando muy lentamente el cuerpo del barro hasta que pudo ver su silueta. De repente la mujer se dio la vuelta y el vídeo se corto con un estruendo.
Adrián no dormiría esa noche.

sábado, 8 de agosto de 2015

Gaia

-¿Crees en los seres superiores?- ésta era la primera pregunta que solía hacer Adrián cuando conocía a alguien. Por supuesto no tenía mucho éxito con las mujeres precisamente por ser una especie de friki de lo paranormal. El rostro que tenía enfrente frunció el ceño y respondió con otra pregunta:
-¿No crees que es demasiado pronto para hacerme una pregunta tan profunda y rara? ¿Ni siquiera quieres saber mi nombre o mi edad?-pero Adrián estaba ya muy impaciente.
-¿No crees que el mundo paranormal sea algo muy interesante?-le volvió a preguntar el chico.
-¿Te refieres a Dios?
-¡Por supuesto que no!
-La verdad es que no suelo pensar en ello porque no me gusta, ni si quiera en las películas...
-Entonces hemos terminado.-dijo Adrián entonces con total seguridad. La chica lo miró con cara mala y dejó la silla libre. La tarde de citas había terminado de nuevo sin éxito para Adrián, empeñado en conseguir salir con una chica de su ciudad que le gustase ese mundillo. Con cierta tristeza vio como se alejaban esos bucles morenos que bajaban por la espalda de la chica a la que acababa de despachar. Se levantó y se frotó un poco la cabeza de forma nerviosa revolviendo aún más su pelo rubio oscuro. Sus grises ojos se posaron en la camarera de la barra y pidió una caña.
-¿Otra tarde sin éxito?-le preguntó ella con media sonrisa. Se conocían desde hacía dos meses, cuando Adrián empezó a ir a las tardes de citas en la cafetería. Era una chica de su edad que siempre iba con el pelo recogido en una cola de caballo. Sus ojos inspiraban confianza en un tono oscuro de café.
-Sí...-suspiró él y se dejó caer en el taburete.
-¿Has probado a buscar por internet?
-Sí pero he tenido malas experiencias así que hace tiempo que renuncié a ello.
-Bueno tu tranquilo, eres joven, tienes toda la vida por delante para conocer gente.-le animó ella poniéndole la caña delante. Adrián tenía veinticinco años y ya desde pequeño le había fascinado el mundo paranormal. Es más, tenía una especie de investigación sobre un ser al que él llamaba superior. Algo que se movía entre los seres humanos mortales con un poder descomunal, que podía hacer lo que se le antojara con el mundo si esa cosa quisiera. En algunas culturas la llamaban Gaia o Madre Tierra, o también simplemente se trataba de una diosa. Pero frikadas aparte, él quería compartir su investigación con alguien pero no encontraba la persona adecuada. Se bebió la caña rápidamente al acordarse de que esa noche le enviarían cierta información sobre unos sucesos ocurridos en el Amazonas.
-Bueno Laura, te dejo que tengo cosas que hacer.-dijo Adrián para despedirse mientras dejaba el dinero en la barra para pagar.
-¡Hasta la próxima Adrián!-dijo ella desde la otra punta.
Salió a la calle y estaba lloviendo a cántaros.
-¡Estupendo! Muchas gracias Madre Tierra...-dijo con tono sarcástico. Por suerte no había nadie cerca que escuchara semejante locura. Salió corriendo hacia su casa mientras el pelo se le mojaba cada vez más y quedaba aplastado contra su cabeza al igual que su ropa quedaba pegada a su piel. Vivía en un piso de treinta metros cuadrados que era suficiente para él. Para su familia, una de las más ricas de la ciudad y del país, él era como un perro verde y preferían tenerlo lejos pero cuidaban de él ingresándole cantidades ingentes de dinero en su cuenta, así podía ocuparse de su investigación tranquilamente sin tener que preocuparse de cosas banales. Eso sí, la investigación se debía llevar a cabo de forma lo más discreta posible para que no manchara el buen nombre de su familia. Adrián lo veía bien porque así podía vivir en absoluta libertad. Nada más llegar a su piso, se duchó, cambió de ropa y se sentó frente a la pantalla de su ordenador. Abrió su correo y allí estaba el mensaje que llevaba esperando durante dos semanas.
Muy buenas a todos y bienvenidos a mi blog donde escribiré, o intentaré hacerlo, cada día un poquito :) Cada vez que deje un capítulo, podréis comentar y sugerir lo que os gustaría que pasara o cualquier cosa, dejad que vuestra imaginación vuele!