sábado, 8 de agosto de 2015

Gaia

-¿Crees en los seres superiores?- ésta era la primera pregunta que solía hacer Adrián cuando conocía a alguien. Por supuesto no tenía mucho éxito con las mujeres precisamente por ser una especie de friki de lo paranormal. El rostro que tenía enfrente frunció el ceño y respondió con otra pregunta:
-¿No crees que es demasiado pronto para hacerme una pregunta tan profunda y rara? ¿Ni siquiera quieres saber mi nombre o mi edad?-pero Adrián estaba ya muy impaciente.
-¿No crees que el mundo paranormal sea algo muy interesante?-le volvió a preguntar el chico.
-¿Te refieres a Dios?
-¡Por supuesto que no!
-La verdad es que no suelo pensar en ello porque no me gusta, ni si quiera en las películas...
-Entonces hemos terminado.-dijo Adrián entonces con total seguridad. La chica lo miró con cara mala y dejó la silla libre. La tarde de citas había terminado de nuevo sin éxito para Adrián, empeñado en conseguir salir con una chica de su ciudad que le gustase ese mundillo. Con cierta tristeza vio como se alejaban esos bucles morenos que bajaban por la espalda de la chica a la que acababa de despachar. Se levantó y se frotó un poco la cabeza de forma nerviosa revolviendo aún más su pelo rubio oscuro. Sus grises ojos se posaron en la camarera de la barra y pidió una caña.
-¿Otra tarde sin éxito?-le preguntó ella con media sonrisa. Se conocían desde hacía dos meses, cuando Adrián empezó a ir a las tardes de citas en la cafetería. Era una chica de su edad que siempre iba con el pelo recogido en una cola de caballo. Sus ojos inspiraban confianza en un tono oscuro de café.
-Sí...-suspiró él y se dejó caer en el taburete.
-¿Has probado a buscar por internet?
-Sí pero he tenido malas experiencias así que hace tiempo que renuncié a ello.
-Bueno tu tranquilo, eres joven, tienes toda la vida por delante para conocer gente.-le animó ella poniéndole la caña delante. Adrián tenía veinticinco años y ya desde pequeño le había fascinado el mundo paranormal. Es más, tenía una especie de investigación sobre un ser al que él llamaba superior. Algo que se movía entre los seres humanos mortales con un poder descomunal, que podía hacer lo que se le antojara con el mundo si esa cosa quisiera. En algunas culturas la llamaban Gaia o Madre Tierra, o también simplemente se trataba de una diosa. Pero frikadas aparte, él quería compartir su investigación con alguien pero no encontraba la persona adecuada. Se bebió la caña rápidamente al acordarse de que esa noche le enviarían cierta información sobre unos sucesos ocurridos en el Amazonas.
-Bueno Laura, te dejo que tengo cosas que hacer.-dijo Adrián para despedirse mientras dejaba el dinero en la barra para pagar.
-¡Hasta la próxima Adrián!-dijo ella desde la otra punta.
Salió a la calle y estaba lloviendo a cántaros.
-¡Estupendo! Muchas gracias Madre Tierra...-dijo con tono sarcástico. Por suerte no había nadie cerca que escuchara semejante locura. Salió corriendo hacia su casa mientras el pelo se le mojaba cada vez más y quedaba aplastado contra su cabeza al igual que su ropa quedaba pegada a su piel. Vivía en un piso de treinta metros cuadrados que era suficiente para él. Para su familia, una de las más ricas de la ciudad y del país, él era como un perro verde y preferían tenerlo lejos pero cuidaban de él ingresándole cantidades ingentes de dinero en su cuenta, así podía ocuparse de su investigación tranquilamente sin tener que preocuparse de cosas banales. Eso sí, la investigación se debía llevar a cabo de forma lo más discreta posible para que no manchara el buen nombre de su familia. Adrián lo veía bien porque así podía vivir en absoluta libertad. Nada más llegar a su piso, se duchó, cambió de ropa y se sentó frente a la pantalla de su ordenador. Abrió su correo y allí estaba el mensaje que llevaba esperando durante dos semanas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada