martes, 11 de agosto de 2015

Gaia IV

Dos días después, Adrián se encontraba a miles de kilómetros en mitad del océano atlántico volando hacia Buenos Aires. No sabía muy bien que iba a hacer una vez que fuese al cañón del colorado pero lo que si presentía es que el ser fantástico debía rondar la zona así que debía llegar cuanto antes y ponerse manos a la obra. Darío tenía las coordenadas exactas donde había sido visto el ser así que no sería difícil encontrarlo.
-Zona de turbulencias.-anunció el comandante de la tripulación y acto seguido el avión vibró un poco. Adrián miró por la ventanilla y solo vio que estaban atravesando nubes pero cuando el cielo se despejó vio una especie de remolino enorme en mitad del océano, se parecía mucho al que había visto en el vídeo del pesquero japonés hacía meses. Adrián pegó un salto de asombro en su asiento al ver que en medio del remolino que tragaba agua había algo flotando en el aire... Más bien alguien. Desde esa altura no podía ver si se trataba del misterioso ser que alteraba la naturaleza pero estaba casi seguro. Cogió el movil y cuando iba a grabar le decepcionó ver que el remolino se había deshecho por completo en cuestión de segundos y ya no había nadie.
-Mierda.-dijo Adrián.
-¿Todo bien señor?-le preguntó amablemente la azafata.
-Sí, no es nada, gracias Adela.-respondió éste. La azafata era la misma que hacía años cuando viajaba con sus padres a todas partes, así que era casi como de la familia. Era alta, rubia y de origen suizo pero apenas tenía acento ya. Entonces Adrián volvió a mirar hacia abajo al océano y vio algo en la superficie, parecían delfines o ballenas, era difícil de decir. Una gran grupo de ellas pero algo las guiaba al frente y Adrián no sabía ya si era paranoia pero creyó que era el mismo ser del remolino. Iban a toda velocidad hacia tierra pero desaparecieron cerca de ella en las profundidades de Río de la Plata.
-¡Darío no me creerá!-suspiró Adrián mientras volvía a ponerse cómodo en su asiento pero lejos de quedarse relajado o quizás dormido, se puso a repasar los vídeos que tenía hasta ahora que solo eran dos: el del Amazonas y el desierto. Los repasó pero no vio nada nuevo. Finalmente durmió con un sueño inquieto hasta que Adela lo despertó anunciándole que Darío ya estaba embarcando.
-Señor Adrián, creo que sería conveniente que descansáramos y pariéramos mañana hacia los Estados Unidos.-le aconsejó ella.
-Adela, creo que tienes razón.-dijo él. Adela se sorprendió, se esperaba que la contradijese.- cuando necesite volar de nuevo te avisaré, hasta entonces tienes unas vacaciones pagadas aquí en Argentina.
-Gracias señor, es usted muy amable.-dijo ella con una gran sonrisa.
-Avisa al comandante y llama a un taxi.-añadió.
-Enseguida.-respondió ella sin dejar de sonreír. Adrián sabía por que, el comandante y ella, ella y el comandante...en fin. Estaban más que enamorados y podrían pasar unos días juntos si él seguía en Argentina, por eso tanta alegría.
-¿Qué me he perdido?-dijo Darío con las maletas en las manos cuando vio a Adrián bajar del avión mientras un taxista metía sus maletas en el coche.
-Nos quedamos unos días.
-¡Y yo que pensaba que podría escapar de la ciudad unos días!-dijo Darío con amargura.
-La visto de nuevo Darío, en mitad de Rio de la Plata... Vamos a ir a Punta Indio.
-De acuerdo...-suspiró él mientras metía las maletas en el coche.

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